Tras una maratónica sesión de más de 11 horas, el Congreso de la Nación dio luz verde a uno de los proyectos más polémicos de la gestión actual. La sanción definitiva de este jueves marca un cambio de paradigma en la política ambiental argentina, abriendo la puerta a inversiones millonarias en megaminería a costa de flexibilizar la protección de recursos hídricos estratégicos.
Un ajustado triunfo oficialista en el Congreso
La madrugada de este jueves 9 de abril quedó marcada por la sanción definitiva de la reforma de la Ley de Glaciares en la Cámara Baja. Efectivamente, tras un debate que se extendió por más de once horas, el oficialismo consiguió los números necesarios para modificar la Ley 26.639. De esta manera, el proyecto impulsado por el Gobierno Nacional alcanzó los 137 votos afirmativos, superando los 111 rechazos y las 3 abstenciones registradas en el tablero.
Por consiguiente, esta resolución ratifica lo que el Senado ya había dictaminado el pasado 26 de febrero. No obstante, el camino hacia la aprobación no resultó sencillo debido a la resistencia de diversos bloques opositores. Ciertamente, la Libertad Avanza necesitó tejer alianzas estratégicas con sectores del PRO, la UCR y bloques provinciales para garantizar que la iniciativa no naufragara en el recinto.
Las claves del mapa de votación
En cuanto al respaldo legislativo, la propuesta gubernamental sumó adhesiones de Innovación Federal y representantes de San Juan y Catamarca. Asimismo, figuras como Nicolás Massot y Karina Banfi aportaron sus votos positivos junto a una parte del interbloque Provincias Unidas. Sorpresivamente, dos legisladores de Unión por la Patria, Cristian Andino y Jorge Chica, se distanciaron de su bloque para acompañar la reforma de la Ley de Glaciares que hoy es realidad.
En contraste, el grueso de Unión por la Patria y la totalidad del Frente de Izquierda expresaron un rechazo rotundo durante la sesión especial. Por otro lado, la Coalición Cívica y referentes como Miguel Pichetto y Natalia de la Sota también votaron en contra de las modificaciones. Finalmente, las abstenciones correspondieron a los integrantes del bloque MID y a la representación de La Neuquinidad, cerrando una votación que expuso las fracturas internas de la política nacional.
Impacto ambiental y nuevos horizontes económicos
El eje central de este cambio normativo radica en la redefinición del ambiente periglacial y el alcance de su protección. Ciertamente, el objetivo principal del Ejecutivo es fomentar la llegada de capitales para proyectos de megaminería e hidrocarburos. Por lo tanto, la nueva ley limita las restricciones vigentes hasta hoy, permitiendo que zonas antes intocables por su valor ecológico puedan ser explotadas comercialmente bajo la órbita de las provincias.
Debido a esto, las organizaciones ambientales han alzado la voz advirtiendo sobre consecuencias hídricas que podrían ser irreversibles para el ecosistema. Sin embargo, desde el sector industrial defienden la medida argumentando que otorgar mayor potestad a las jurisdicciones locales agilizará el desarrollo productivo. En conclusión, la normativa aprobada este jueves redefine el equilibrio entre la preservación de los recursos naturales y la necesidad de expansión económica en la alta montaña.


















