Una captura de pantalla encendió la polémica en las redes sociales de Lilia Lemoine. La diputada libertaria mostró cómo intentaron estafarla desde un penal en Córdoba, lanzando una advertencia directa al Centro Cívico provincial. Mientras el phishing carcelario cobra víctimas fatales, como el reciente caso de un soldado en Olivos, el Congreso y las legislaturas provinciales aceleran proyectos para desconectar a los delincuentes tras las rejas.
La denuncia que reactiva el debate de seguridad
El escenario de la ciberseguridad en el país sumó un nuevo capítulo de alta exposición pública tras la denuncia de Lilia Lemoine. La legisladora nacional de La Libertad Avanza utilizó sus canales oficiales para visibilizar un intento de fraude electrónico que, según sus rastreos, se originó en un centro penitenciario de Córdoba. Por consiguiente, la diputada interpeló directamente al mandatario cordobés para limitar el uso de celulares en cárceles, argumentando la necesidad de evitar que el territorio mediterráneo replique la crisis delictiva que atraviesa Buenos Aires.
Efectivamente, el mensaje detectado simulaba ser una comunicación oficial de una billetera virtual, una técnica de ingeniería social conocida como phishing. No obstante, el reclamo de Lemoine no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una preocupación creciente por la vulnerabilidad de los ciudadanos ante estafas coordinadas desde el encierro. Debido a esto, la presión política sobre el gobernador Martín Llaryora se intensifica en un contexto donde la seguridad digital se ha vuelto una prioridad de Estado.
Proyectos legislativos frente al uso de celulares en cárceles
De la misma manera, la provincia de Buenos Aires se encuentra actualmente debatiendo una reforma normativa profunda para revertir las concesiones otorgadas durante la emergencia sanitaria. El bloque HECHOS presentó recientemente una iniciativa que busca erradicar el uso de celulares en cárceles bonaerenses para cortar el circuito de secuestros virtuales y extorsiones. Por lo tanto, los legisladores intentan dejar sin efecto las autorizaciones de la pandemia, que permitían dispositivos para el contacto familiar pero que derivaron en herramientas para el crimen organizado.
Por otro lado, Mendoza ya marcó un precedente jurídico importante en esta materia. La Suprema Corte de Justicia de esa provincia ratificó la prohibición de estos elementos dentro de los establecimientos de detención, priorizando la seguridad pública sobre los beneficios de comunicación de los internos. En consecuencia, el debate nacional se divide entre quienes defienden el derecho al vínculo afectivo y quienes alertan sobre las consecuencias letales de la falta de control tecnológico en los pabellones.
Antecedentes fatales y estafas desde el encierro
Asimismo, la denuncia de Lemoine trae a la memoria casos recientes con desenlaces trágicos que conmocionaron a la opinión pública. Uno de los antecedentes más dolorosos es el de Rodrigo Andrés Gómez, un soldado que cumplía funciones en la Quinta de Olivos y que terminó con su vida tras ser estafado. Según las pericias judiciales, el agente fue víctima de un engaño financiero gestado desde las unidades penitenciarias de Magdalena y Olmos, lo que demuestra el alcance destructivo de estas redes.
En tal sentido, la urgencia de regular las comunicaciones carcelarias responde a la sofisticación de los delincuentes para captar víctimas vulnerables. Por este motivo, la propuesta de Lemoine busca prevenir que los penales funcionen como centros de operaciones para delitos informáticos. Finalmente, el arco político espera definiciones de los ejecutivos provinciales, mientras la sociedad demanda medidas concretas para frenar una modalidad delictiva que ya no solo roba dinero, sino que también destruye vidas.


















