La paciencia social parece haber encontrado un límite estadístico. El último relevamiento de la Universidad de San Andrés expone una radiografía cruda: la satisfacción general se desplomó cinco puntos en el último bimestre. Con el desempleo y los bajos salarios a la cabeza de las preocupaciones, el oficialismo enfrenta su mayor desafío perceptivo desde el inicio de la gestión, en un clima donde el futuro se percibe cada vez más incierto.
Un escenario de creciente descontento social
La última Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) arroja resultados preocupantes para la administración central. Efectivamente, el informe elaborado por la Universidad de San Andrés señala que una gran mayoría de la población rechaza el rumbo del país tras meses de ajustes económicos. Por consiguiente, el nivel de conformidad con la situación actual apenas alcanza el 28%, marcando un retroceso significativo respecto a las mediciones del primer trimestre.
Por otro lado, la insatisfacción escaló hasta el 68%, consolidando una tendencia negativa que atraviesa distintos estratos sociales. Debido a que el optimismo inicial comienza a disiparse, la percepción de crisis se profundiza en la agenda cotidiana de los ciudadanos. No obstante, el Gobierno intenta sostener su núcleo duro de apoyo, aunque los indicadores muestran que la brecha entre aprobación y rechazo se ensancha cada vez más.
Impacto en la valoración de Javier Milei
En paralelo a la situación general, la figura presidencial no logra escapar al desgaste del ejercicio del poder. Por este motivo, la aprobación de la gestión de Javier Milei se ubicó en un 36%, lo que representa un descenso de tres puntos porcentuales. Asimismo, el mandatario registra hoy una desaprobación del 61%, una cifra que lo posiciona por debajo del rendimiento de Mauricio Macri en su mismo periodo, aunque todavía supera los números de Alberto Fernández.
Incluso dentro del gabinete, las noticias no son alentadoras para la Casa Rosada. En efecto, Manuel Adorni sufrió el derrumbe más estrepitoso de su valoración, perdiendo nueve puntos de imagen positiva en poco tiempo. De igual forma, Karina Milei mantiene un diferencial negativo considerable, lo que demuestra que el entorno más íntimo del presidente también se ve afectado por la percepción de que la sociedad rechaza el rumbo del país actual.
Preocupaciones económicas y clima de pesimismo
El informe profundiza sobre los problemas que hoy quitan el sueño a los habitantes de la Argentina. En ese sentido, el desempleo encabeza el ranking de angustias con un 40%, seguido muy de cerca por la precariedad de los ingresos salariales. Por añadidura, la corrupción estatal y el rebrote de la preocupación por la inflación completan un cuadro de demandas que el Ejecutivo aún no logra resolver satisfactoriamente.
Por lo tanto, la mirada hacia el futuro se tiñe de tonos oscuros para la mayoría de los encuestados. En realidad, un 56% sostiene que la Argentina está en peores condiciones que hace doce meses, mientras que un porcentaje similar cree que la decadencia continuará durante el próximo año. Sin duda, este pesimismo estructural dificulta la construcción de un relato de recuperación económica que sea validado por la experiencia cotidiana de la gente.
El rol de la oposición y otros referentes
Finalmente, el relevamiento analizó a figuras de otros sectores políticos, donde el predominio de la imagen negativa es casi total. Por el momento, Axel Kicillof y Myriam Bregman se mantienen como los dirigentes opositores con mejor puntaje relativo, aunque lejos de niveles de aceptación mayoritarios. Por el contrario, Patricia Bullrich también sufrió retrocesos, confirmando que el malestar alcanza incluso a los cuadros que inicialmente mantenían una valoración estable.
En conclusión, los datos de la Universidad de San Andrés describen un panorama de alta volatilidad y desilusión. Seguramente, estos números obligarán al oficialismo a revisar sus estrategias de comunicación y gestión para intentar revertir una curva descendente que parece no haber tocado fondo. Mientras tanto, la agenda pública sigue dominada por la incertidumbre económica y la demanda urgente de mejoras en el mercado laboral y el poder adquisitivo.


















